Me encantan tus miedos.
Sobretodo el que tienes a las tormentas. Estas inquieta por la noche.
No dices nada y te haces una pequeña bola en la cama, te quedas con los ojos abiertos buscando por la ventana la luz del rayo, para asegurarte que cae lejos.
Te miro y sonrío, eres como una niña. Mi niña.
Te abrazo por la espalda y te acaricio el pelo. Te digo que soy tu escudo, sabes que soy tan cabezona que si me empeño en que no caerá un rayo cerca efectivamente no lo hará. Te ríes. Te aferras a mis brazos y siento como te duermes poco a poco, ya más tranquila.
Me siento inmensa de hacerte sentir segura, me siento invencible. Venciendo tus miedos y amándote más y más. No sé si esto del amor tendrá un límite porque yo no lo encuentro. Tampoco se mucho de ello.
Mi cuerpo se entumece de la falta de costumbre a los abrazos, al amor, a la vida, aun le falta tiempo.
Y de repente me convierto en el ser más feliz de la tierra.
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